No al Alca: 15 años. De la frustración del proyecto hegemonista a la frustración del Proyecto Soberano

Por Ariel Magirena

En días en que la conmemoración de otro aniversario del rechazo al Alca nos permite leer y escuchar análisis y recuerdos que remarcan la épica de la fecha voy a compartir una mirada de contexto con foco en el impacto en nuestra realidad nacional.

La frustración en 2005 del tratado de libre comercio que impulsaba Estados Unidos hacia el sur de sus fronteras, en la cumbre de las Américas de Mar del Plata, parecía cerrar un círculo histórico, especialmente para la Argentina, en relación con el  modelo  hegemónico mundial.

La dictadura que sucedió mediante golpe al gobierno peronista en 1976 había desplegado el terror para aniquilar un modelo nacionalista, popular y soberano que a la mitad de su mandato ya había resultado ejemplar a los pueblos de los países vecinos siendo en esos días, además, el único gobierno constitucional de la región.

En la consumación de un genocidio, que por primera vez en el mundo tuvo como objeto primordial a una identidad política, la conducción económica de la dictadura destruyó el paradigma de justicia social y desarrollo deprimiendo la moneda y el modelo productivo generando corrupción y endeudamiento. El plan tendría su segunda etapa en el gobierno institucional de Raúl Alfonsín garantizando la impunidad de los saqueadores locales y sus socios extranjeros, quebrando, además, al Estado e incapacitándolo en su posibilidad de respuesta. Hiperinflación, crisis de deuda y Estado fallido habilitaron medidas extremas que todavía eran teóricas pero pronto tendrían a la Argentina como laboratorio y vidriera: en 1989 el consenso de Washington se estrenaba en el Menemismo.

El 9 de noviembre de ese año, con el derrumbe del Muro de Berlín comenzaba a caer el segundo polo mundial: en un proceso de dos años se disolvía la unión soviética y un año después un oscuro empleado de la secretaria de estado yanky, Francis Fukuyama, declaraba en un libro el fin de la historia, que había anunciado antes con un artículo en una revista local. El modelo unipolar conocido como fundamentalismo de mercado o neoliberalismo estallaría en nuestro país en las manos del gobierno autodefinido progresista de la Alianza que llevo a la presidencia a Fernando de la Rúa, a causa de su empecinamiento en resolver primero la crisis de deuda a través del acatamiento irrestricto y sumisión alFMI, ajustando sobre jubilaciones, salario y empleo.

Dos años de transición de Eduardo Duhalde abandonando el neoliberalismo, suspendido el pago de la deuda, precedieron la llegada venturosa de Néstor Kirchner. Así el bloque que ya conformaba la Argentina de Duhalde con la Venezuela de Chávez y el Brasil de Lula Da Silva, recibe la capacidad estratégica de Kirchner. En momentos de revisar el último crédito del FMI, habiendo logrado una quita excepcional en el rescate de bonos en default, Kirchner y sus socios Da Silva y Chávez lideran las discusiones de la cumbre de Mar del Plata y derrotan en una jornada histórica la posición sostenida y fundamentada por el presidente estadounidense George W Bush dando muerte al ALCA el día en que debía institucionalizarse.

Organizaciones sociales, políticas, sindicales y culturales de Sudamérica se habían convocado en la misma ciudad atlántica en sintonía con los tres presidentes protagonistas en una jornada que alcanzó la misma jerarquía histórica y compartió el logro. Los pueblos que sufren, encontraron a los presidentes que se les parecían. La metáfora perfecta que cerraba el circulo abierto en 1989 que permitió soñar los funerales que no fueron. Lo que la Argentina -que empezaba a ser rodeada de nuevos neoliberales- entendió una década después, en 2015, en medio del purismo progre, del voto desgarrado y de la ingenuidad pretendida del proyecto “perder para volver” pergeñado por los que nunca pierden.