Magnetítere: Clarín y el mito conveniente

Por Ariel Magirena

El progresismo funcional ha creado convenientemente el mito de un Héctor Magnetto todopoderoso para distraer la contradicción fundamental que sigue pensando sobre la Argentina, que es Patria o colonia. Pero cuál es el origen de Clarín y el verdadero poder de su temido CEO ?
Con la irrupción de Juan Perón en la política argentina influyendo en las masas la ncecesidad de participar en un proyecto de desarrollo con soberanía y justicia social, se consuma en agosto de 1945, con la fundación del diario Clarín, el proyecto socialdemócrata llamado «desarrollismo». Financiado por el Partido Comunista y dirigido por cuadros de su cuño con el fin de disputar al peronismo vislumbrante, recibe su primera derrota apenas nacido, con la gesta del 17 de octubre. La tarea empresaria se había encargado al periodista Roberto Noble y la línea editorial al cuadro estalinista Rogelio Frigerio.
Su cometido era abiertamente antiperonista, alentando una alternativa que representara a la naciente clase media (comerciantes y profesionales) con el sector empresario (fortalecido con las políticas desde la revolución del ’43), mientras por izquierda intentaba recuperar a la clase obrera que le había sido arrebatada por el peronismo.
Clarín se convertiría hasta hoy en el intérprete y vocero del llamado progresismo y en el órgano de propaganda del desarrollismo al que convierte en efímero partido después de asociarse con los radicales que siguieron a Arturo Frondizi en la ruptura de la UCR en 1957.
Con eficacia Clarín instala agenda imponiéndose a los diarios tradicionales, La Nación y La Prensa, representativos de la rancia oligarquía. Pero tras la muerte de Noble, en 1969, reemplazado por su viuda Ernestina Herrera, comenzó a buscar su reemplazo en el rol empresario formando al contador Héctor Magnetto (hoy propietario de más del 80% del grupo convertido en oligopolio económico) desde su ingreso a la empresa en 1972.
Cuando -pese a la proscripción de casi dos décadas el peronismo vuelve al gobierno en 1973 el proyecto desarrollista es derrotado e incapacitado por lo que el perfil de Clarin toma eje en convertirse en el imperio que hoy es, pero con la obsesión de conseguir instalar electoralmente a un presidente que les respondiera. Para eso su ideología se adapta a las necesidades de la dictadura genocida cuando se produce la primera etapa de crecimiento al asociarse con empresas vinculadas con la obra pública y recibir, mediante maniobras delictivas como cohersión y tortura a una mujer (Lidia Papaleo) su participación en el monopolio de papel prensa.
Su poder trasciende el derrotero de sus cómplices en el gobierno de facto y comienza su etapa de influencia en la política aprovechando su lugar dominante en la prensa que sigue creciendo cuando el alfonsinismo le otorga ilegalmente Radio Mitre pese a que Raúl Alfonsín ya era víctima de las maniobras destituyentes que le pondrían fin adelantado a su mandato.
Desde entonces el cometido de Magnetto fue conseguir lo máximo posible de cada gobierno al que ayudó a llegar a la presidencia para, luego y con más poder, presionarlo por más o buscar su destitución.
El peronismo como maldición que acosa a Clarín consigue, pese a la obscena oposición declarada como «periodismo de guerra», imponer a Cristina dos veces en el gobierno aunque jamás se atrevió a dar el golpe que pusiese fin al poder del grupo que ya, claramente, no necesitaba ni pretendía un partido para gobernar. El suicidio electoral promovido por el progresismo en 2015 permitió la presidencia del candidato de Clarin. Delirios del tipo «perder para volver» y «hay que dejarlos hacer que se caen solos» redundaron en un plan de saqueo que no encontró oposición e incluso pudo derrotar electoralmente en 2017 a la propia expresidenta contendiendo contra un personaje menor de la política como Esteban Bullrich.
Sin embargo ese momento confirma y revela el poder de tigre de papel, de Magnetto y Clarín.
Cómo en los gobiernos de Alfonsín, Menem, De La Rúa (un caso muy especial que merece otro artículo) y Néstor Kirchner, llegó el momento en que Macri decidió cambiar de patrón. En todos los casos (menos el de Kirchner, que se propuso SER patrón) el sistema financiero mundial.
No era un riesgo que Magnetto no advirtiera pero sí uno contra el que jamás pudo. Por eso su confesión de que su plan comenzaba por dar apoyo al presidente disminuirlo después mientras lo presiona y finalmente buscar su derrota o caída.
Hoy estamos frente a un fenómeno político que Perón catalogaba «de cabotaje» mientras sigue imperando la política internacional -en la que Clarin es socio, pero de ninguna manera patrón-.
Así el monstruo de papel funge como los capataces negros de las viejas haciendas esclavistas del sur estadounidense: tiene toda la autoridad sobre las vidas de sus hermanos de raza y disfruta de sus privilegios, pero no manda.
En un gesto de autopreservación frente a la debacle económica de un macrismo con permiso extranjero para dejar tierra arrasada en la Argentina -para su propio beneficio- mientras consumara el plan colonial, el superCEO instruyó a su alfil Alberto Fernández a negociar con Cristina. Pero la maldición del peronismo (del que en este gobierno sólo tiene un sello formal diluido en una alianza neoliberal con atuendo progre como la de De La Rua), hizo que su ungido lo traicionara apenas al comenzar su gobierno para recibir instrucciones directas de una de las dos facciones de la interna hegemónica mundial.
Magnetto -beneficiado por las políticas del albertismo además del generoso aporte de la pauta oficial- sólo ejerce hoy su impronta opositora como un club de fútbol que sigue entrenando pese a no haber clasificado.
Mientras tanto, por primera vez, no hubo cambios políticos ni económicos con el cambio de gobierno por lo que, apenas pasado un año, no queda nada del romance habitual con su electorado y sólo lo sostiene la versatilidad de un relato cada vez menos creíble y su propia estructura de medios, desprestigiada y sin credibilidad en un artilugio de diseño que distrae y confunde con el fin de retrasar todo lo posible una reacción popular o una manifestación de lo que cultiva en el pueblo.
«Divide y reinarás» tiene como ariete un plan de fragmentación social con una agenda que comparten tirios y troyanos que resulta más eficaz que «la grieta» a la que se suma. Pero este momento evidencia una regla de la que nos distraen con éxito y podemos adaptar (ya que los optimistas eligieron llamar Capitán Beto al mismo al que muchos llaman piadosamente Alverso): «donde manda almirante, capitán es puesto menor»