17 de OCTUBRE

por Ariel Magirena

75 años después de la gesta popular que representó el nacimiento de la última y más moderna filosofía política de la historia de la humanidad quiero referirme a un puñado de puntos del sencillo e improvisado discurso de Perón al ser liberado por la movilización de casi un millón de trabajadores en un país donde vivían sólo 10 millones. Tal vez deberíamos imaginarnos hoy al diez por ciento del Pueblo en la calle, unos 4 millones y medio, en una movilización como aquella que esa noche Perón caracterizó textualmente como “la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar a sus auténticos derechos”.

Acababa Perón de pedirle el urgente llamado a elecciones libres al gobierno de la revolución que había salvado a la Patria de la “década infame” -cuando la casta política coincidía con la casta oligárquica- para abrir paso a una institucionalidad sin manchas-, y sería en febrero cuando el proyecto patriótico, antiimperialista y anti oligárquico se estrenara con un triunfo arrollador.

El contexto nacional no podía ser peor: el granero del mundo tenía al 90 % de su población en pobreza mientras sus recursos económicos mantenían los privilegios de 1000 familias terratenientes. El internacional lo superaba: El mundo estaba en crisis global, con Eurasia y oriente reducidos a escombros, con decenas de millones de muertos y mutilados, con las economías locales destruidas, con el principal mercado de nuestros granos en recesión.

Compararlo con lo que hoy consideramos una catástrofe global es una falta atroz de respeto a la inteligencia y a las víctimas de entonces.

En ese contexto la Argentina peronista pasó de producir de porotos al desarrollo nuclear para la paz, de exportadora de piensos a fabricar aviones, barcos y locomotoras, de la mayoría popular en emergencia a la sociedad más justa conocida.

La movilización popular, durante los años que gobernó perón, jamás fue para reclamar y sí para celebrar y, aunque el tiempo es más largo para los que sufren, se consagró en una década la segunda epopeya histórica después del sueño libertario.

“Era octubre y parecía mayo” Lo describió el poeta Leopoldo Marechal.

Perón era el estratega de la causa popular. Se había formado y había trabajado para el propósito emancipatorio inconcluso de mayo de 1810. Por eso era consciente, en el medio de la sorpresa de los acontecimientos de octubre, del papel que le tocaba asumir en la etapa social de la misma revolución.

Lo expone en otro tramo de su discurso cuando advierte: “esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la madre tierra, al que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria, el mismo que en esta histórica plaza pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho”.

Reconoce y acata la voluntad de los trabajadores de ungirlo su líder. Entonces abre el espectro del frente patriótico, en ese mismo diálogo con la masa, en la honra de ser soldado, patriota y trabajador. Aunque también era ejemplo.

“el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación -dice- amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos”.

Por fin y por primera vez la Patria es nosotros.

Donde estuvo?, preguntaban los obreros y Perón elude porque los hombres son sus circunstancias y sabía que muchos de sus camaradas de armas que formaban parte del gobierno que había cumplido su cometido histórico, Incluso inconscientemente cuando lo llevaron a prisión para que fuera rescatado por los que no traicionan ni malpagan, serían sus aliados en el nacimiento de la nueva Argentina.

“Desde esta hora, que será histórica para la República, que sea el coronel Perón el vínculo de unión -y agrega- que sea esta unión eterna e infinita para que este pueblo crezca en esa unidad espiritual de las verdaderas y auténticas fuerzas de la nacionalidad y del orden; que esa unidad sea indestructible e infinita para que nuestro pueblo no solamente posea la felicidad, sino también sepa defenderla dignamente.

Por primera y única vez, una proclama política y revolucionaria se da un propósito tan trascendente que es lo que da sentido a vivir. Ser felices.

El 16 de octubre de 1945 no existía el peronismo. O existía pero no se decidía a llamarse así. Lo habían anunciado los jóvenes de Forja que advertían de una Nueva Argentina que pujaba por nacer, que reconocieron en cuanto la vieron y a la que se sumaron para construir.

Pero el día antes al 17 de octubre, cuando los delegados dudaban y la conducción obrera declaraba para el 18 un paro por la liberación del Coronel y secretario de trabajo y previsión -que se rumoraba confinado en la isla Martin García- la identidad y bandera tenía el nombre de una persona, no de un movimiento y mucho menos de un partido. Sobre todo porque la mayoría ya lo tenía! El movimiento obrero organizado estaba compuesto y dirigido por comunistas, socialistas y anarquistas. Peronistas se hicieron ese día.

“yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P”, amenazaba impúdica y soez la multitud en marcha cerrando el canto en modo contundente: Perón.

Ese apellido significaba explícitamente el proyecto revolucionario y el frente popular para quienes no eran precisamente analfabetos políticos.  A lo sumo, alguno no sabría leer…letras. Pero para consigna no necesitaban más y las pancartas no decían otra cosa: Queremos a Perón.

Meses después el programa de gobierno sería el que pedían las calles y las paredes. Todo lo que esbozaba el discurso de ese día y que se convertiría en una doctrina simple, patriótica y humanista sintetizada en 3 banderas blindadas y excluyentes: Justicia social, soberanía política e independencia económica. Los ejes para cumplir la promesa de Perón en el consejo que corona su discurso: “Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos para que, juntos con nosotros se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes”.

Esa noche Perón recibió de la energía del pueblo en la calle la fuerza y la inspiración para el desafío que encararon juntos: construir el movimiento de masas más grande de la historia de occidente, llevarlo sin sangre al gobierno e institucionalizarlo en una constitución revolucionaria que alienta el desarrollo individual en una comunidad organizada con eje en el bien común.

Tan simple que tiene rima sonante y consonante en la mítica marcha que sigue siendo hoy un grito de rebeldía

Todos unidos triunfaremos

Combatiendo al capital

Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad

Eso que una vez fue realidad efectiva y que recuperaremos volviendo a Peron -que nos espera en el futuro- si nos atrevemos a ir a él.
Ariel Magirena